EL BAILE  

 

 

No recuerdo su nombre

y sí como rodeaba mi cuerpo

en los bailes del pueblo.

Era moreno, se acercaba y me tomaba las manos, sin pedir nada,

y yo me dejaba llevar,

sonreía y no hablaba.

Me gustaba su forma de mirarme.

Una noche me dijo: “ me caso dentro de 20 días”

callé y seguimos bailando.

Y continuamos bailando cada día hasta su boda.

Fue una tarde de verano,

sonaron las campanas de la torre del pueblo,

lo vi  calle arriba a recoger a la novia,

¡tan moreno, tan guapo, con su traje nuevo y sus ojos negros.

Lo miraba a través de la rendija de mi puerta.

No dije a nadie de mi dolor callado.

No conocía su nombre

y si sus pasos cuando bailábamos

y sus manos rodeándome mi cuerpo.

Estaba triste por dentro y me reía por fuera.

Se irá del pueblo con su novia joven

y sus manos tocarán otro cuerpo cuando baile.

Me asomo a la calle,

por allí baja la novia con mi novio del baile,

es rubia de ojos canela

y un traje que embiste al toro en esa tarde de verano.

         Me escondo detrás de las cortinas,

entre mis manos que fueron suyas en mis bailes de noche.

Sus ojos negros como un relámpago

se giran hacia mi puerta y me mira.

Nos miramos a hurtadillas.

Nadie conoce nuestro secreto

de paso y danzas

de silencios y sonrisas.

Nunca pronuncié su nombre.

Nos tuvimos uno al otro sin saberlo.

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A Camille Claudel

Escucho  coches pasar veloces por la avenida del Vial,

El agua de las fuentes chorrean libres en sus cortinas inacabadas.

Mujeres y hombres pasean,

jóvenes con perrillos y mono- patines en el aire de asfalto.

Tarde de otoño.

Un viento cálido enmaraña mis pelos

Y pienso en ti: mujer creadora ya en el vientre materno,

la misma cueva que te cobijó

y te sepultó al destierro.

¿ Qué delito cometiste?

¿ Cuál fue tu palabra y tus actos para que te enterraran en vida?.

Nunca vi tus ojos,

ni tu mirada apuntalando el tiempo.

Nunca te abracé como un mundo cercano al tuyo.

Oigo en mi interior un rumor de besos anhelantes,

unas palabras de complicidad que nunca te llegaron.

Mujer de barro esculpido,

hiedra enredada en los otros para poder escalar el cielo.

Nunca toqué tus manos blancas,

veloces de mares inacabados.

¿ Qué sueños tuviste entre los barrotes de tu cuarto?,

¿qué amaneceres viste en el encierro de tu locura?,

¿qué espejo te devolvió tu rostro de inocencia quebrada?.

Tu nombre es flor, Camelia rota,

arrancada de cuajo por tu libertad sin muros.

Escucho silbidos de pájaros y un cantar de gorriones.

La tarde se oscurece,

Y alumbro la morada donde te conocí,

en este cuerpo de mujer

que también está, preso.

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