Y rompo cadenas

Sentada en el sillón de mi bisabuelo,
un atardecer cálido envuelve el balcón
de bocas de dragón, caléndulas, orquídeas.
La luz se filtra por los poros de mi piel.
Como un canal es mi cuerpo ataviada de ti,
domesticada sin darme cuenta
de lo que dicta el sistema establecido.
Una costilla de adan, ¡ya lo dijo yabé!,
un mal viento se enreda en el balcón.
Ese atardecer suave es un clérigo oscuro
que lleva en su hombro una atmósfera de desolación.
Instantes después sentí ser dueña,
(a pesar de los tumultos que venían a mi mente),
de un aire de fuego con olor a eva liberada,
un eco rastreando mi sangre
que me devolvió la palabra que soy:
un cuerpo en su lucha cotidiana por ser libre.
Y rompo cadenas de adanes.

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Resistencia

Me desplazo
a otros mundos
habitables de voces
donde reina la luz y las sombras.
Allí siembro la huella
de una parte mía.
. Estoy viva.
Me he escapado por la puerta oculta,
de un laberinto oscuro
con rostro de rezos y letanías,
de máscaras y apariencias.
He sobrevivido en la oquedad
más oscura del alma y el cosmos
donde pensé que habían robado
mi tiempo y sonrío,
al sentir que estoy viva
y aún en el infierno me he mantenido intacta.
La noche más temible
no ha podido con mi luz.
He resistido.
Tengo un cuerpo fuerte,
tengo unas vísceras de armas tomar,
tengo un corazón de acero
con sangre a flor de piel
por las tristezas que veo.

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