Buscando la paz

Hablamos de escribir un poema sobre la paz
y no sé qué decir,
qué palabras descifrar en este papel en blanco
sobre mi mesa de estudio,
y un dolor que se me agarra muy adentro
porque no encuentro la paz.
En este mundo de locos
esas tres letras son cogidas y tiradas
como papel de basura
algo que solo sirve para estruendo y pretensiones,
¡ no sé qué decir!
qué esperanza puede brotar en este
corazón desnudo.
Reconocer un brote de vida en el
espejo del hombre o mujer
que cada día nos cruzamos en cualquier calle.
Y yo quiero inventarte en mi universo
por siempre,
en montes y llanuras, ríos, lluvias y senderos,
creer que es posible su existencia
tan vulnerable como el niño de mis ojos.
En la esencia de la vida habita
cóncava palabra.
Que dolor porque en mí no está
y soy barro seco sin ti, paz.
Estoy delante de un papel
el bolígrafo se desliza a trompicones
y te convoco en esta tarde de invierno,
te grito y te nombro
y suplico tu presencia.
Un mar de hiedras
son mis venas convocándote,
navío sin tregua es mi corazón
con tormentas y furias desveladas.
Quiero crearte en mis uñas y dedos,
en mi vientre de mujer.
Descansar en el valle del hombre
y tú paz ser silencio y esencia.
Estoy sentada en mi despacho
y has entrado de puntillas
invitándome a un café.

Estándar

ELEGÍA A MI MADRE

Desde mi espíritu en su
inocencia
a tu espíritu, Madre.

I

Un agradecimiento sin límites, sin medida
a tu amor generoso, a tu alegría y coraje ante las dificultades.
Nos has dejado una tarde de primavera
entre el sabor de la sandia,
la costura entre los dedos
y el calor de esta ciudad de tus paseos cotidianos.
La ventana esta triste sin ti, ¡mujer!,
la radio no se escuche en el frescor de la mañana.
Un silencio nos envuelve a tus hijas,
con el aroma del negro simón
En mis sueños construyo una escalera de Jacob
para ir a visitarte,
construyo constelaciones y desiertos y mareas
y atajos en mis recuerdos,
que me lleven
a tus uñas pintadas de rojo
tan rojos como señales
en ese tu caminar lento y sin fisuras,
a tu voz, latido acompañante.
En algún lugar de mi centro habitas
tan próxima que a veces presiento que no te has ido.
Eres mi tierra y cireneo.
Tanto días vividos contigo, tantas noches a tu lado,
hemos entrecruzado miles de sentires, llantos y risas,
no se pierden en mi olvido ni en tu olvido.
¡Madre! Eres mi sueño, espíritu, inocencia…

II

Cuando paso por delante de la terraza
de Costa- sol
instintivamente mi cabeza gira
hacia la mesa del centro,
como buscándote, madre, en tu mediodía de bíter kas.
Esa gracia natural cuando
te dirigías al camarero cordobés-moreno-guapo,
tus manos de niña que siempre eres
con ese trozo de pan en tu bolsillo, caramelos
y en tu mesilla de noche no faltaba las velas y cerillas..
en tu memoria quedaron grabadas muchas noches sin luz.

Ahora no te veo en tus tardes de fútbol
ni cuando la plaza de toros se
levanta para el ruedo.

III

Echo de menos verte y acompañarnos
echo de menos pasear a tu lado.
Antes de tu viaje definitivo creí no poder vivir sin ti
y vivo, no sé cómo.
Eras más yo que yo misma
Y ahora no sé quién soy.
Fui parida y creada en tu cuerpo y bebí de ti
y me alimenté y me dormí en ti
y ahora no estás ¡no sé cómo vivo!.

IV

Cuando paso delante del portal de tu casa
miro a través del cristal
el poyete donde te sentabas,
tu asiento de piedra. Lo miro. Me detengo.
Te imagino, te veo allí. Sentada. Esperándome.
En mi aliento de neuronas, de corazón, de arterias y manos
hay jardines y parques
y terrazas de sol con panes calientes.
Ahí el tiempo no existe
y creo tardes y mediodías y alianzas, Mujer-Madre.

Estándar