EVOCO

Quiero llenar esta habitación mía de aquellos días,
rememorarlos una vez más para percibir
que no fue un sueño.
Aquellos años atrás…
Felicidad por intuir que Marisa no es un sueño,
ni Carmen, Bertha, Celia… ni aquella
profesora de literatura, ni Fidel, profesor de
griego y filosofía.
Que aquellas “escapadas” por la ventana oculta
¡no fue un sueño!
y los cabreos con la directora,
y la ilusión por ver al chico que te gusta,
y los “atracos” al comedor con sus “regalos” de
chocolate, leche condensada, vino, galletas,
y los días de la piscina con los chicos,
¡no son un sueño!.
La amiga Mendoza, disfrazada de cura,
drácula, político, del visitante nocturno- boyero
delante de nuestras ventana
y aquellos días en la enfermería de “cuarentena”
sin males y con risas.
de la compañía de mi hermana
May y su ayuda
dándome clases de latín, matemáticas…
De mis paseos con Paco Gago, Lucia, Carlos
y con el tímido y maravillosa Vadal
en aquellas tardes de primavera del parque verde e
inmenso
¡no son un sueño!.
De nuestros disfraces el día del maestro:
charlestón, cantantes cubanos…folklóricas…
y esos cigarros fumados en los servicios
a escondidas y compartidos,
o las escapadas en las clases de religión
¡no fue un sueño!.
Cuando “ayudábamos” al cura en la misa con
las “meriendas” de vino dulce, hostias…
Las noches en la “zona” y los porrones de
Zurracapote,
y las clases de música escuchando a
Moustáki, Vivaldi…De cuando vi por primera
vez el mar en mi primer viaje fin de curso,
deslumbrada, maravillada.
Y las partidas de ajedrez en “Bohemios”
¡no es un sueño!.
Y como me aprendía de memoria
las cartas de mi primer amor y la esperanza.
De las noches de los viernes en el cine “fórum”
¡no es un sueño!.
De cuando los chicos piropeaban a Maite
“la divina” y su alegría
Y aquellas palabras…
veloz como el payaso de la mitología
¡no es un sueño!.

Y tanto, tanto más…

Gracias Memoria
por tener la certeza
que una parte de mi historia
¡no es un sueño¡.

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De la campiña verde

De la campiña verde y hermosa tú
del valle árido y solo yo
el aire el mismo y el amor
corazón cansado y amigo amor.
Ese día de agua surgiste
entre paredes de llamas me envolvía
temor de luz y deseo de luz
ni hablé ni hablaste, sonreíste.

Se iluminó la casa en tu presencia,
el silencio, espejo reflejado,
tan cercanos los cuerpos, ni una voz.
Andabas por el pasillo, delgado, sereno
habitando siempre, blanco, atento
te recogí todo rápido para que no te fueras.

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Escarbar con mi boca

Escarbar con mi boca
el nacimiento de la vida
penetrar en la esencia
y corazón de la tierra,
¡como me duele
el dolor de la muerte!
y este aire
acariciante y fugitivo
en su fugaz rostro
me envuelvo
y me rebelo.
Quiero morder dulcemente
el alma de la vida
llenarme del aroma
amargo de la tierra,
rodeada de pájaros verdes
que me trasladen al
propio corazón humano.
¡Ay como me duele
el dolor de la muerte!
y en este mi dolor
oscuro y llano
me envuelvo
y me rebelo.

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